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viernes, 30 de diciembre de 2011

Un BIG BAN de sentimientos.

Me hallaba en mi cama,con la cabeza apoyada en aquella lúgubre y fría almohada un día de invierno. Mi mirada se fijaba entre las gotas de agua que cubrían el cristal de la ventana. Llovía fuerte,las calles estaban vacías y el frío calaba por los huesos.
Me decidí a levantarme de la cama,mas mis débiles fuerzas me abandonaron dejándome caer en aquel suelo frío de mármol. Estiré el brazo y conseguí alcanzar una pequeña manta que colgaba de aquella silla justo al lado del escritorio. Me tapé con ella lo más rápido que pude,me incorporé como mis fuerzas me lo permitieron y permanecí toda la noche apoyada en la pared con la mirada clavada en el suelo,el cual observaba desde la ventana de mi habitación.
Unos pasos se oyeron,procedían del piso de arriba. Discusiones,gritos,portazos,golpes,llantos,... Algo dentro me decía que las cosas no iban nada bien por allí.Un sentimiento de culpa me invadía por dentro,así pues,agarré la manta con fuerza,la estreché junto a mi y un largo suspiro de sollozo salió temblando de mi boca.
Las horas pasaban y la tormenta no cesaba. Los gritos y llantos eran cada vez más constantes. Mi cabeza me daba vueltas hasta que de pronto caí rendida en un desmayo casi permanente.
Mientras permanecía inconsciente,oía todo lo que a mi al rededor pasaba,mas no podía gesticular ni un mísero movimiento. Me sentí inútil.
De repente escuché a mi hermana pequeña,de cinco años de edad,acercarse a mi puerta y verme tendida en el suelo sin apenas conseguir respirar. Un grito repentino salió de los labios de aquella inocente niña,más era un grito en vano,ya que en casa solo estábamos las dos. El eco que se produjo reproducía aquel grito una y otra vez entre las paredes de la casa. Sentía impotencia por verla allí y no poder abrazarla y decirle al oído que todo saldrá bien. En ese mismo instante,se acercó a mi,me estrechó con esos pequeños brazos y me dio un beso en la mejilla que calmó todas mis inquietudes.
Y se quedó allí dormida,abrazada junto a mi y con esas pequeñas manos heladas que descansaban sobre mi cabeza. En unos instantes desperté y recobré el conocimiento.Mis fuerzas eran mínimas y mi corazón latía con    esfuerzo. Me desprendí de ella,la cogí en brazos como pude y la deposité en la cama arropándola con aquella manta cual nos tapaba cuando me hallaba inconsciente.
Me dirigí a la cocina con paso algo forzado,mas era decidido. Iba haciendo zig-zag por el pasillo,tomando como apoyo aquellas paredes blancas y frías en la penumbra de la noche. Conseguí llegar a la cocina a duras penas,cogí algo de alimento y algo de agua y regresé a la habitación con el mismo proceso.
Me senté junto a mi hermana y la observé dormir durante toda la noche. Ver a semejante criaturita dormir con esa cara de ángel,quitaba todos los males que por mi cabeza pasaran. Sinceramente,no tiene precio. Así pues,a la mañana siguiente y cuando despertó,vio nada más abrir los ojos,una cara que le decía que todo saldría bien. Me estrechó con fuerza entre sus brazos y de sus labio salió un : Eres el muro que impide que los problemas me ataquen,la luz que me indica el camino cuando todo se apaga,la fuerza que me guía a seguir adelante,la medicina que cura todas mis heridas,y la razón por la cual sonrío cada mañana. Esas palabras hicieron de mi una persona mucho más fuerte. Oír esas palabras de boca de una niña inocente y la cual es tu hermana,es una sensación que nunca antes había experimentado. Así que la cogí entre mis brazos,la llevé a la habitación que era antes la de mis padres,la vestí con otra ropa más adecuada y me la llevé a dar un paseo.
Casualmente el día se había despejado y los rayos de un cálido sol de invierno calentaban esos cuerpos fríos que se encontraban debajo de aquellos abrigos de piel que vestían esas mujeres tan refinadas que invadían las tiendas de la ciudad.
La gente nos miraba con desprecio,como si no perteneciéramos a esa sociedad...De ello aprendí que quizá no tenga tanto dinero como ellos,no me pueda permitir tantos lujos ni pasear con ropas de marcas y joyas por la ciudad; pero sí caminaré con la cabeza bien alta porque sé que tengo un corazón como ellos y que en el interior de cada persona,somos prácticamente idénticos,y eso jamás nadie me lo podrá recriminar.

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