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domingo, 26 de febrero de 2012

Shh, escucha.

Estás tranquila, cenando en soledad y viendo la luz procedente de la televisión a la cual no le prestas el más mínimo interés.
Tu cuerpo está presente, mas sin embargo, tu mente se halla en otra dimensión. El tiempo pasa y optas por ir a la terraza a tomar un poco el aire.
Y te encuentras allí, aislada de la humanidad, hundida entre tantos y tantos pensamientos que tú misma te encuentras perdida por tanto explorar.
Tu mirada se pierde entre las estrellas e imaginas surcar el cielo de par en par. Navegar entre las nubes, visitar cada planeta, pasear junto a las estrellas,...
Imaginas estar volando sobre la ciudad, inmune a cualquier peligro allá donde vayas, ser libre y no tener destino a cual llegar. Ir sin prisas, analizando cada detalle que se presente, dejando viajar tu imaginación e ir junto a ella durante el transcurso del viaje y nunca más tocar tierra. Mas todo finaliza cuando te das cuenta de que tan solo fueron eso, simples imaginaciones. Y entonces vuelves a la realidad.
Cambio de destino, esta vez me dirijo a mi dormitorio donde, junto a la ventana, me espera una fría y larga noche.
La oscuridad de la noche es cada vez más espesa, así pues, me decido por coger una pequeña vela de acompañante.
Las horas pasan y la cera se funde poco a poco...
Esta vez, mi mirada perdida tras la Luna, se queda fija en la llama de la vela que alumbra débilmente la habitación.
No sé por qué, pero una imagen algo extraña se me vino a la cabeza... Dos cuerpos que se funden en uno.
El tiempo pasaba y los pensamientos venían simultáneos y sin cesar. Me llegué a preguntar si algún día dejaría de pensar.
De repente la llama se consumía hasta quedar apagada por completo.
La oscuridad arrasaba en su complejidad y mis oídos se agudizaron.
Me quedé atenta el restante tiempo para finalizar la noche recordando algo que me dijo un ser querido poco antes de fallecer. " Shh, escucha en la oscuridad, ahí es cuando los sonidos más inesperados pueden hacerte descubrir cosas inimaginables."

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